En el delta de la música


Sobre el río va un bote, navega muy rápido entre las costas tropicales y tupidas, se deja llevar como una piedra entre los remolinos que se forman sobre el agua, cambiando de ángulo a cada rato sin detenerse. Dentro de este hay cuatro chavalos. Están apoyados a los lados del bote con la cara oscura y los dedos blancos. Llegan a un delta, lo divisan y con sus propias manos, zambulléndolas en el agua, reman empezado a acelerar desesperados; pero sin darle ninguna dirección al bote: quieren que la suerte del destino los pierda en el indescifrable camino de un delta.


El 21 de junio asistimos al Pablo Antonio Cuadra (PAC) para disfrutar de un concierto de rock que no sabíamos de que subgénero se iba a tratar hasta que llegáramos. Al principio el evento parecía renuente, unos cuantos amigos de la banda por allá, algún padre de familia al fondo (para que su hijo músico no se avergonzara o entrara en pánico), unos cuantos fans. Poco a poco el lugar se llenaba hasta quedar sin sillas.

Beware of Monkeys fue la primera banda en presentar, un grupo de chavalos caraceños que tenían la labor de sintetizar todo lo que sería el concierto. Eran cuatro integrantes, estaban sobre una especie de tarima, tenían los rostros claros y los dedos oscuros. El bajista se acercó al micrófono y dijo: "Nosotros tocamos rock progresivo". Y en el momento que tocaron se sentía que eran cuatro músicos ligándose a sus instrumentos sin caminos establecidos, sin parámetros ni senderos.

El rock progresivo es un subgénero del rock que rompe los moldes agregando instrumentalizaciones variadas a las composiciones, incluyendo hasta elementos de la orquesta. Como a las 7 de la noche se escuchaba una flauta transversal, algo nunca escuchado en un concierto de rock. Esto provocaba que la música fuera paradójica; tan violenta y dulce a la vez. Cambiaban de velocidad con mucha frecuencia llevando a los nerviosos, esos siempre que están haciendo temblar el pie, a relajarse para nuevamente descontrolarlos con la batería.

Se endemoniaban los dedos de los guitarristas, tocaban tan rápido subiendo y bajando en el mástil, teniendo cada uno su solo y dejándose llevar, eran un cantar de pájaros multiplicado. Colocaron la emoción cada vez más alto. En eso, llegó el solo de la flauta, era algo nuevo que requería un esfuerzo tan grande, una creatividad inmensa durante las noches en vela.

Según una entrevista a la banda en el sitio web de TN8, su deseo fue siempre crear música nueva, piezas que fueran tan originales como pudieran, sin dar mucha importancia a la lírica. Eso explicaría porque no cantaron, sin embargo fueron unas creaciones tan bien hechos que pudieran provocar emociones intensas en las personas.

En Nicaragua se cree que no hay gente interesada por el rock o que solo se enfoca en el hard rock o en el metal; sin embargo, hay jóvenes creando música realmente compleja y tan simbólica como cualquier arte. No por nada la segunda pieza musical que tocaron se llamaba "Eutanasia": era un ritmo frenético, pero con sus momentos de descanso.

La proyección de estas bandas es algo muy importante para el patrimonio musical del país, y los centros culturales hacen bien en promover dichos eventos que les permiten a los jóvenes expresarse de verdad.

Terminaron increíble, las personas aplaudían y ellos satisfechos dejaron el escenario. Le siguió otra banda, también de rock progresivo llamada "Víctor Marín Trío", tocaron muy bien pero la primera impresión no se borraba.

Tal vez en los más profundo preferimos a Beware of Monkeys, no sé; pero es que la imagen de ellos cuatro sobre la tarima, que parecía un bote, que se dejaban llevar con un sentido cada vez más enigmático descubriendo en cada nota algo nuevo, como si navegaban en el aire, era lo más importante.

Ellos se dejaron llevar por la corriente, como si fuera un delta; ese accidente geográfico en que un río se divide en muchas más vertientes, cada una con sus características y bellezas, pero que al final siempre va a desembocar en un inmenso mar. Allí la relación, un género que se dividió, que utilizó tan variados instrumentos y que llegó a terminar en el primer gran aplauso de la noche.

Escrito por: Carlos Suazo
Editado por: Marcela Sotelo

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